EL BÚHO, MATAR...PLACER DE LOS DIOSES

Capítulo 5

Imanol quedó perturbado por lo que le revelaron las cartas del tarot.
"Alguien del pasado surgirá de las sombras, alguien a quien amaste y lloraste. Llegará muy pronto"
_ Llegará muy pronto _ repitió pensativo.
Dos nombres resonaron en su mente y en su corazón : Jean y Rafael. Jean estaba muerto y Rafael, lejos, muy lejos.
_ Rafael nunca vendrá a mí. Me odia y ruego a los infiernos que jamás nuestros destinos se crucen porque uno de los dos saldrá muerto, y por más que lo haya amado, juro que no seré yo. Y Jean, mi adorado Jean se consume en una tumba. ¡Cuánto daría por saber donde descansan sus restos! Hasta ese consuelo me arrebató mi padre. Pero...¿quién, quién, llegará pronto? _ Imanol se paseaba por su dormitorio sin poder conciliar el sueño. Finalmente decidió bajar a la cocina por una infusión de valeriana; no quería recurrir al opio, no aún.
Portando un candil bajó con paso lento la suntuosa escalera de marmol y caminó con cuidado evitando tropezar con alguna de las tantas estatuas desperdigadas por la imponente sala, esculturas del arte griego que su padre coleccionaba obsesivamente.
"El Marqués se preocupa más por cualquiera de estas tontas estatuas que de su propio hijo", le oyó decir a una de las sirvientas un día que estaba jugando con sus soldaditos de plomo detrás del gran cortinado bordó de la sala.
Al llegar a la cocina encontró a Talibah triturando una piedra roja. Al acercarse a ella comprobó que era un impresionante jaspe.
Talibah percibió la presencia de Imanol, sonrió al sentir su aliento tibio en la nuca y sin inmutarse continuó con el rito que había iniciado poco después de la medianoche.
Imanol observó con respeto y en silencio.
La egipcia unió al polvo obtenido de la piedra un puñado de flores de ortiga. El resultado que obtuvo lo mezcló con una cucharada de ruda desmenuzada.
Luego escribió el nombre completo de Imanol en un papel de seda, lo introdujo en una jícara junto a la mezcla de polvo rojo y lo selló con cera de abeja.
Imanol no se alarmó ante el proceder de la mujer. Confiaba plenamente en ella, además de ser él un perito en magia negra.
_ El jaspe favorece el equilibrio vital y aporta relajación, otorgando valentía para afrontar las dificultades. Es un estimulante del pensamiento y de la imaginación, ayuda a tomar decisiones y a eliminar la tensión. También es considerado un afrodisíaco, pues potencia el amor y la pasión. El jaspe es tu piedra protectora, te librará de todos aquellos que buscan tu ruina, además de vigorizar tus ansias de conocimiento abriendo nuevas puertas hasta ahora impensadas para ti. Este hechizo debe descansar durante tres días, cumplido ese tiempo pondré un puñado en este relicario y jamás, escucha bien, jamás, te apartarás de él, ¿has comprendido? _ Talibah le mostró un precioso relicario de oro que Matilda, la madre de Imanol, le había obsequiado antes de fallecer.
_ Así lo haré _ fue la respuesta consisa y rotunda del marqués.
Talibah se puso en punta de pié y lo besó en ambas mejillas, luego desapareció como una sombra furtiva.
Imanol ya no tuvo necesidad de una infusión para tranquilizar su ansiedad, de pronto experimentó serenidad y un enorme cansancio. Regresó a su alcoba, se arrojó sobre la cama  y sin correr el dosel de gasa, se quedó profundamente dormido.
Pasados los tres días, Talibah despertó a Imanol cuando despuntaba el sol invernal. Sobre la bandeja del desayuno, entre la taza de un humeante café y un plato de exquisitas confituras, se destacaba el mencionado relicario.
Apoyó la bandeja sobre una cómoda y corrió las pesadas cortinas dejando al descubierto el jardín cubierto de nieve. Atizó los rescoldos que todavía crepitaban en la chimenea para avivar el fuego y con su voz suave y cariñosa llamó al marqués.
Imanol, se incorporó en la cama y la miró extrañado.
_ ¿Por qué me despiertas a estas horas, mujer? _ rezongó enfadado.
_ Atempera tu carácter Imanol. A mí no me asustas con tus exabruptos. Tranquilízate y escucha. Te he traído el amuleto que días atrás te prometí. Cuélgatelo al cuello y no te separes de él. Hazme caso y nada malo te ocurrirá _ le dijo con paciencia.
Imanol obedeció aunque de mala manera. Quería y respetaba a Talibah, pero no soportaba su sobreprotección.
_ Muy bien, y ahora desayuna mientras te preparo el baño _ la mujer, mostrándose complacida, salió del cuarto llamando a los sirvientes para que llenaran con baldes de agua caliente la tina de cobre oculta tras un biombo de madera tallada que el viejo Marqués había adquirido en uno de sus viajes a la India.
A media mañana, mientras Imanol leía un artículo sobre el tratamiento del cólera, una epidemia que el año anterior había diezmado la población española, Talibah volvió a interrumpirlo.
_ Debo hablar contigo, es muy importante _ dijo categórica.
_ ¡Maldición Tali!, ¿es que no puedo tener un momento de tranquilidad? ¿Qué es eso tan urgente? _ vociferó y con un golpe seco cerró el libro que con tanto interés leía.
_ Debes dar una fiesta este mismo sábado por la noche _ expresó sin rodeos y por supuesto, sin amedrentarse ante la furia de Imanol.
_ ¡¿Una fiesta?! ¡Estás totalmente loca! De ninguna manera _ explotó _ Jamás abriré estas puertas a la aristocracia de Nájera. ¡Gusanos petulantes!...¿o acaso te olvidas que fueron ellos, raza de víboras, los que me estigmatizaron, no sólo por mi inclinación sexual sino por mi fervor en la investigación científica? Ahí va el sodomita, decían. ¡Hipócritas hediondos! Me crucificaban por mi homosexualidad cuando muchos de ellos tenían y tienen mis mismos gustos _ Imanol, fuera de sí, de un manotazo arrojó al piso libros,  papeles, el tintero y las plumas que estaban sobre el escritorio.
Talibah permaneció inmutable. Esperó hasta que Imanol se calmara para continuar.
_ Esa fiesta es necesaria. Debes presentarte como el nuevo Marqués. Ya nadie podrá señalarte porque ahora tú tienes el poder y ellos deberán reconocerlo. Una sola palabra tuya y sus vidas se irán al garete...ellos lo saben. Y no me quivoco al afirmar que muchos temen tu reacción...
_ Y hacen bien en temerme _ concluyó con voz tétrica y la mirada desenfocada.
_ Imanol no vivas pendiente de los decires, vive la vida según tus creencias. Mira a la reina Isabel, la llaman ninfómana y ella ríe despreocupada.
La reina Isabel ll de España fue obligada a casarse con Francisco Asís de Borbón ya que esta unión satisfacía a todos los sectores políticos del país. El día antes del matrimonio Isabel dijo a su madre, María Cristina de Borbón: “He cedido como reina, pero no como mujer. Yo no he buscado a este hombre para que fuese mi marido; me lo han impuesto y no lo quería”.
_ Se cuenta que su noche de boda fue un fracaso. Una sirvienta escuchó cuando le confesaba al diplomático León y Castillo “que voy a decir de un hombre que en la noche de bodas llevaba en su camisa más bordados que yo en la mía" . Ella enfrenta con valentía su destino. Si su marido no puede satisfacer sus lujuria, toma amantes sin importarle el que dirán. Y hablando de amantes, el General O´Donell, última conquista de la reina y actual presidente del Congreso, acudirá a tu recepción._ afirmó con orgullo.
_ ¿¡Cóoomooo?! ¿Ya has hecho las invitaciones sin mi consentimiento? _ volvió a explotar Imanol _ Esto es inaudito. Además, ¿comó estás enterada tú de los dimes y diretes de la corte? _ se desconcertó.
_ Muy simple, cuando tu padre fue invitado por el Marqués de Viluma, don Manuel Ceballos, a una recepción ofrecida por la reina madre en honor de la pareja real, tendría que haber sido sorda y ciega para no enterarme de los chismes y de las burlas que tenían por blanco al príncipe consorte. Ya ves, Francisco es el rey y todo su entorno se mofa de su supuesta homosexualidad. Así que deja de lado tu rencor y muéstrate amable y hospitalario con tus invitados. Lúcete como anfitrión. Todo está listo. Tú sólo debes asistir _ Talibah se mantuvo firme, sin claudicar ante el temperamento feroz de Imanol.
_ No me presentaré _ recalcó con terquedad.
_ Oooh, si que lo harás _ Talibah dio media vuelta dejándolo solo y rumiando su furia.
La noche de la fiesta, la luna brillaba en su cénit. Decenas de antorchas iluminaban los jardines que rodeaban el palacio. Esa tarde los sirvientes se esmeraron en barrer la nieve que dificultaría el paso de los invitados a la residencia. Afortunadamente desde la mañana no había vuelto a nevar.
El interior del palacio vibraba al compás de la Sonata para piano y violín de Schumann. Pocas parejas danzaban en el centro del salón; otras se escondían de las miradas incidiosas en los rincones oscuros que ofrecían los balcones para besarse y algo más.
Imanol, con la sangre hirviendo, se paseaba por los distintos grupos que se formaron tanto en el salón de baile como en la sala de juego. Allí, entre cartas de póker y dados, los caballeros discernían sobre el futuro político de la Nación. Imanol los detestaba.
_ Su Excelencia que opina del general O´Donell y su tentativa de acercamiento a las fuerzas liberales _ se interesó Antonio Cánovas del Castillo, prominente político del Bienio Progresista.
_ La política no me agrada, me aburre. Siento que mi respuesta lo desilusione señor _ agregó Imanol al notar la decepción y el asombro en el rostro de su interlocutor.
_ ¿Qué temas merecen su atención, entonces? _ intervino con ironía el Conde de Barcelona interrumpiendo el reparto de cartas en el partido de Whist. Todos los jugadores lo observaron fijamente, atentos a su respuesta.
_ La investigación científica. La medicina, en especial la anatomía, es lo que me apasiona _ respondió con aridez.
_ Claro, claro...¡la anatomía! _ se rió el jurista Bravo Murillo, burlándose en forma velada de la sexualidad de Imanol. Los demás apaludieron la ocurrencia.
Imanol se mantuvo incólume ante la afrenta. Sin embargo, la sonrisa que desplegó ante ellos les heló la sangre. El rostro del Marqués se transfiguró, sin dejar de ser complaciente; sus ojos, como dos lanzas en llamas, taladraron a cada uno de los oyentes. Las risas cesaron y el Marqués de Nájera se alejó de ellos tramando su venganza.
"¡Cuántos enigmas encierra el funcionamiento del corazón! Los resolveré y tú, Bravo Murillo me ayudarás a lograrlo pronto, muy pronto", decidió sin perder la escalofriante sonrisa. Encendió un cigarro y aspiró con placer.
Regresó al salón de baile y allí la descubrió. Su rostro resaltaba en medio de un grupo de damas desabridas. Su cutis traslúcido y delicado, níveo como el marfil más exquisito, le produjo un cosquilleo en la entrepierna. Nunca había experimentado algo igual por una mujer. "¿Qué me sucede?", se extrañó.
El mayordomo pasó a su lado portando una enorme bandeja cargada de copas con champagne. Imanol tomó dos y se dirigió decidido hacia ella.
Talibah le salió al paso.
_ ¿Para quién es esa otra copa? _ preguntó recelosa al intuir las intenciones de Imanol _ ¿No será para la duquesa de Arcos, verdad?
_ Así que es la esposa de Rodrigo Ponce de León...¡mejor aún! _ hacía tiempo que tenía una deuda que saldar con el duque de Arcos. En Montpellier, un testigo del asesinato de Jean, señaló al duque como uno de los ejecutores del crimen. Nunca lo pudo comprobar porque cuando intentó entrevistarse con el testigo para que le diera detalles, el hombre había desaparecido.
Talibah estaba al tanto de las sospechas de Imanol y quería evitar cualquier enfrentamiento entre ambos, conocedora, también, del carácter iracundo del Duque de Arcos.
_ Imanol, por favor, no provoques una reyerta. Seras la comidilla de los correveidiles y eso sería perjudicial para ti ahora que vas a instalarte en Nájera _ le suplicó alterada.
_ No tienes de que preocuparte, Tali, sólo quiero presentarle mis respetos a la duquesa. Así que con tu permiso..._ Imanol se apartó de la mujer y continuó su camino.
_ Duquesa de Arcos, me honra con su presencia _ luego de una breve reverencia le entregó la copa. Ella, a su vez, lo saludó con una inclinación de cabeza y aceptó agradecida la copa de burbujeante champagne.
_ No he visto a su esposo _ comenzó Imanol.
_ No ha venido, tuvo que viajar de improviso por negocios a Cadiz. Me encomendó decirle que lamenta mucho no poder asistir a su recepción, Excelencia _ se disculpó avergonzada.
_ Lo que importa es que usted sí ha podido asistir. Brindemos por eso_ la respuesta galante de Imanol la hizo sonrojar. Contadas veces recibía elogios, menos aún de su marido.
Poco a poco, Imanol la fue apartando del grupo de mujeres con las que la duquesa conversaba y la fue llevando hacia uno de los balcones. Allí tomaron asiento en un banco de piedra bajo una pequeña pérgola. El cambio abrupto de temperatura, la hizo temblar. En el salón, el fuego de las chimeneas caldeaban el ambiente contrastando con el frío del exterior.
Imanol se quitó la chaqueta de color negro y la puso sobre los hombros desnudos de la duquesa. Ella lucía un escotado vestido de amplia falda con tres volados superpuestos y mangas estilo "pagoda". El verde oscuro de la seda acentuaba el color de sus ojos, deslumbrantes como dos esmeraldas. En ese momento no recordó los ojos de su madre, verdes como los de la duquesa, sino otra mirada, una mirada que penetraba su alma haciéndolo delirar de amor. "Jean", suspiró sin mencionarlo en voz alta.
La duquesa, ajena a los pensamientos de Imanol, lo admiró arrobada. El ajustado chaleco de seda plateada destacaba el vigoroso pecho, lugar en el que deseaba recostar su cabeza pidiendo consuelo y protección.
_ ¡Corinne!, ¿dónde te habías metido? _ la voz chillona y autoritaria los sobresaltó.
Una monja obesa y de ojos saltones se paró frente a ellos en actitud desafiante.
_ ¡Sor Prudencia! _ exclamó la duquesa parándose de un salto.
Imanol las observaba sorprendido del descaro de la monja y del miedo reflejado en la duquesa.
_ Te he estado buscando angustiada por todos los recovecos de este enorme palacio y tú aquí muy oronda conversando con este caballero. Su Excelencia se disgustará por tu comportamiento licencioso _ le reprochó señalándola con un dedo.
_ ¡Cómo se atreve a hablarle de esa manera a la duquesa, monja entrometida! Yo no soy cualquier caballero, soy el Marqués de Nájera y esta es mi casa, por lo tanto le ordeno que se desaparezca de inmediato. ¡Mal rayo la parta! _ Imanol, furioso, no daba crédito a los dichos maliciosos de la monja.
_ Siento si lo ofendí, su Excelencia, pero don Rodrigo puso a su esposa a mi cuidado y yo debo velar por su virtud _ respondió contrita.
_ No se preocupe por su virtud, conmigo está a salvo _ le contestó tajante.
_ Insisto, Corinne, ven conmigo _ Imanol ante la perseverancia de la nefasta monja se interpuso entre ella y Corinne y sin importarle que fuese una religiosa la zamarreó con fuerza.
_ Fuera le he dicho, o acaso es usted lela _ bramó.
Sor Prudencia se puso blanca como la leche. Jamás había sido tratada de semejante modo, ella, una esposa de Cristo.
_ Marqués, es mejor que me retire. Sor Prudencia, adelántese por favor _ Imanol soltó a la mujer que salió presurosa en busca del carruaje que las llevaría de regreso a su hogar.
_ Corinne, ¿puedo llamarla así, verdad? Me gustaría continuar nuestra conversación en otro momento y sin interrupciones molestas _ le dijo mientras le tomaba una mano y la besaba. Al levantar la vista comprobó que la duquesa lloraba quedamente. Ella, incómoda, secó rápidamente las lágrimas caprichosas que corrían por sus mejillas y con una tímida sonrisa aceptó la propuesta de Imanol.






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